Realidad virtual ayuda a enfrentar la fobia de conducir un vehículo

A sus 25 años, María Laura González, tiene carro propio, nuevo, pero no lo maneja. Su Toyota Yaris 2017, color vinotinto, luce impecable, solo que casi siempre está estacionado en su casa, sin uso, porque ella depende de un tercero para salir. ¿La razón? Le aterra conducir. Es su novio, Rafael, quien suele sacarlo y llevarla a donde ella necesite y usarlo.

“Me aterra. No nací para manejar un carro. Siento que todos los vehículos me van a llegar, me genera vértigo”, confiesa la hija de un próspero empresario, quien en el resto de sus facetas cotidianas se muestra independiente y capaz.

Marta Rubio, especialista en el Tratamiento de los Trastornos de Ansiedad, explica que González es víctima de fobia a conducir o amaxofobia, un miedo irracional e intenso a manejar un vehículo.

La persona experimenta una respuesta muy intensa de ansiedad ante ese estímulo o situación temida, asociada al momento de la conducción, que le hacen tener la sensación de pérdida de control y de peligro inminente, refiere y detalla que son tres los síntomas que permiten detectar la anomalía.

“Una vez tuve una emergencia con mi gato. Le dieron unos espasmos y se desvaneció. No me dieron las piernas para llevarlo al centro veterinario más cercano. Yo temblaba y sudaba frío. Me sentía terrible. Le pedía a mi mascota que me perdonara por dejarlo morir”, cuenta la muchacha, economista recién graduada. Su animal se salvó porque un vecino llegó y los llevó al sitio en el carro de María Laura.

Tres síntomas

Rubio de diferentes tipos de síntomas al hablar de una fobia. El primero el cognitivo, en el cual la persona tiene una serie de pensamientos catastróficos irracionales, asociados al momento de la conducción, por ejemplo, el temor a perder el control, provocar un accidente, sufrir un desmayo por culpa de la ansiedad.

El segundo es el fisiológico, vinculado con sensaciones muy intensas de ansiedad y síntomas físicos como: sudoración, sensación de ahogo, falta de aire, taquicardia, temblores, mareo, sensación de inestabilidad o pérdida de control, sensación de irrealidad, rigidez muscular o sensación de náusea.

Y, por último, los conductuales, en los cuales se registra una evitación activa a enfrentarse a las situaciones que le provocan ansiedad relacionadas con la conducción.

Una persona insegura o ansiosa puede tener tendencia a evitar y no enfrentarse a ese momento de empezar a conducir, y eso hace que el miedo vaya haciéndose más grande a lo largo del tiempo.

La especialista en trastornos de ansiedad destaca las causas que desencadenan las reacciones. “En la mayoría de los casos, esta fobia suele comenzar como consecuencia de un accidente o situación traumática asociada con la conducción, que haya tenido esa persona o alguien cercano, y que le hace responder con esa respuesta de ansiedad y ese comportamiento evitativo”.

También, añade, puede venir asociado a crisis de ansiedad o momentos puntuales muy intensos de ansiedad que se hayan sufrido asociados a la conducción, y haga que la persona cada vez se sienta más insegura y cada vez evite más esas situaciones.

“A mí no me paso nada. Desde pequeña veía a mi papá conducir y me parecía tan difícil. Siempre sentí que no podría hacerlo”, revela María Laura, quien asegura que no cree poder asumir el control de un automotor, aunque hayan pocos vehículos circulando en la calle.

Rubio explica que hay tratamiento psicológico va enfocado a tratar los factores que mantienen la ansiedad y la fobia.

Los especialistas en el área tratan tanto los síntomas cognitivos, enseñando al paciente a cuestionar los miedos y pensamientos catastróficos, como los síntomas fisiológicos, aprendiendo así a controlar mejor las sensaciones físicas de ansiedad. Y por último, también se tratan los síntomas conductuales, ayudando a la persona a enfrentarse a esas situaciones que antes evitaba por el miedo.

Novedosa técnica

Dentro del tratamiento psicológico, en España se desarrolla la Terapia con Exposición, que a juicio de Marta Rubio, resulta fundamental para que la persona aprenda a afrontar sus miedos y a manejar los síntomas de ansiedad que éstos le provocan.

En ella tiene un papel principal la Realidad Virtual.

María Laura respira profundo cuando le hablan de ese escenario. “No lo había pensado, aun así te confieso que me genera angustia”, suelta sobre el escenario. Cree que podría intentar esa terapia, pero no garantiza fuerza de voluntad para mantenerse.

“Con ella se van seleccionando los escenarios a los que se tiene que enfrentar el paciente en función de sus miedos específicos en cada situación de conducción, y en función de sus necesidades concretas para hacer frente a sus síntomas de ansiedad”, manifiesta Rubio.

Afirma que con la realidad virtual, el paciente puede hacer una Exposición Interoceptiva a las sensaciones y síntomas físicos que siente cuando va conduciendo. Esto le ayudará a entender mejor su respuesta de ansiedad y a aprender a controlar los síntomas físicos que ésta le provoca.

Durante las sesiones de Tratamiento con Realidad Virtual, se registra la respuesta fisiológica de ansiedad del paciente, lo que permitirá tener un registro objetivo de sus progresos, e ir midiendo sus avances en cada sesión de la terapia.

“Con el tratamiento psicológico, el paciente puede superar por completo su fobia, ya que aprenderá a enfrentarse a todas las situaciones que hasta ese momento le hacían estar bloqueado y paralizado por el miedo”, garantiza la especialista en Trastornos de Ansiedad.

Al finalizar el tratamiento, es fundamental hacer un buen plan de trabajo en la prevención de recaídas. Con éste, el paciente aprenderá a saber manejar cualquier señal de alarma que pueda provocar la reaparición de los síntomas que iniciaron el problema.

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Más en mujeres

Un estudio realizado por la Fundación Mapfre llegó a la conclusión de que un tercio de los conductores sufre ansiedad al volante y recalca que el miedo que sufre la mayoría se debe a la manera de conducir del resto de los usuarios. Hasta un 18% sufre un miedo paralizante. La amaxofobia, de acuerdo con la investigación, es más frecuente en mujeres. “Suelen ser personas muy responsables, con un alto nivel de estrés, antecedentes de depresión o ansiedad, fragilidad emocional, baja autoestima, reducido nivel de tolerancia a la frustración, gran nivel de autoexigencia y con alta susceptibilidad al miedo”