Suero antiinflamatorio de la sangre contra los dolores articulares

En 2011, Kobe Bryant, uno de los mejores jugadores en la historia de la NBA, estuvo cerca del retiro por la artritis de su rodilla derecha, pero apostó por viajar a Düsseldorf, Alemania, para recibir un revolucionario tratamiento,  tras una operación fallida con métodos tradicionales un año antes.

Bryant se reunió directamente con el médico alemán Peter Wheling, impulsor de Orthokine, variante del tratamiento del Plasma Rico en Factores de Crecimiento Plaquetarios, en el que se extrae sangre del propio paciente para volver a infiltrarla en el punto exacto de la lesión para estimular el proceso de reparación del propio organismo, muy efectivo en procesos artrósicos y lesiones musculares.

La leyenda de los Lakers jugó seis años más antes de su retiro en la temporada 2016-2017 y se convirtió en la cara mundial del éxito del método.  Jaime  Baselga, traumatólogo español, destaca que el Orthokine es una novedosa terapia biológica que mejora ostensiblemente los resultados y reduce el tiempo de recuperación necesario en las terapias convencionales.

¿En qué consiste? El organismo tiene unos sistemas de autodefensa y para combatir cualquier anomalía utiliza sustancias que producen sus propias células. Baselga explica que cuando se experimenta una agresión de cualquier tipo, el organismo es atacado por sustancias tóxicas oxidantes y leuquinas y se defiende produciendo sustancias que bloquean la acción de estas sustancias tóxicas o ‘malas ‘que median en los procesos s de inflamación y degeneración.

“Las proteínas ‘malas’ destruyen al cartílago y las proteínas buenas lo protegen, defienden , neutralizan y destruyen a las ‘malas’. Esas sustancias ‘de choque’, las antileuquinas, las producen las células blancas de la sangre y evitan que la lesión aumente. Y eso es lo que nosotros aprovechamos y lo aplicamos en el paciente”, refiere el traumatólogo.

¿En cuáles áreas?

El método puede aplicarse  en rodilla, caderas, tobillos, dedos de los pies y las manos, muñecas, hombros, codos y columna.

“Resulta especialmente eficaz en los procesos degenerativos de las articulaciones, en las reparaciones de los fenómenos inflamatorios, tendones y ligamentos inflamados, el codo de tenis, la fascitis plantar, el síndrome del túnel del carpianos, hombros dolorosos, y en general, en todas las patologías hasta ahora tratadas con infiltraciones”, añade Baselga, quien además de Brayant, habla de Juan Pablo Segundo, al referirse a la recuperación de las lesiones, como uno de los primeros en creer y recibir las bondades de la técnica.

“Juan Pablo II fue uno de los primeros pacientes de esta técnica. Tenía artrosis en la rodilla. Los resultados fueron tan positivos que el propio Papa le llamaba ‘La medicina de la felicidad’. Aunque, lógicamente no es agua bendita, la recuperación y la cicatrización en las lesiones musculares puede producirse hasta en la mitad de tiempo si el tratamiento y la evolución es la adecuada”.

Es eficaz contra el dolor y en los fenómenos de reparación de tejidos. El método no cura la artrosis pero minimiza la sintomatología de degeneración de todas las articulaciones y se puede aplicar al tratamiento de todas ellas.

Baselga asegura que en patologías inflamatorias, se obtienen también muy buenos resultados con dos o tres infiltraciones. En hombro doloroso se resuelven lesiones de cuatro o seis meses en tres semanas y sin necesidad de aplicar la cirugía. En las lesiones agudas mejora y acelera el proceso de cicatrización.

Metodología

Al referirse a la metodología, Baselga aclara que cada centro especializado varía, pero en su caso, extraen la sangre del paciente, en unas jeringas, con unas microesferas de cristal, las introducen en una estufa a 37 grados durante seis horas.

“Con este procedimiento físico se ponen en producción las células blancas de la sangre del paciente y aumentan casi en un millón de veces la concentración de proteínas anti-artritis que acaban con las proteínas ‘malas’ que producen la lesión. Una vez tratada, la muestra resultante la volvemos a inyectar al paciente, para que actúe sobre su organismo y acelere la recuperación y la cicatrización de la lesión”.

Se trata de un mecanismo de defensa natural del propio paciente.

Los especialistas no utilizan medicamentos, sino la sangre del paciente para curar sus propios procesos degenerativos. “Tiene los mismos riesgos que una inyección normal. Sus riesgos, por tanto, son mínimos, carece, por ejemplo, de los que llevan consigo una transfusión de sangre. Y algo a señalar: se puede repetir todas las veces que sea necesaria porque lo genera nuestro propio organismo”.

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Efectividad y tiempo

La efectividad de esta técnica biológica para reducir la inflamación y el dolor y mejorar la movilidad es superior a la de otras alternativas no quirúrgicas, como las infiltraciones de ácido hialurónico para tratar la artrosis de rodilla, y también es más económica y menos invasiva que colocar una prótesis. Sus efectos suelen durar alrededor de dos años, aunque depende de las características del paciente y de la gravedad de la lesión o el grado de deterioro de la articulación en el momento de iniciar el tratamiento.